Sábado, Mayo 18
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Jóvenes hacen a un lado los vestidos y eligen la elegancia de las cholas

Erguidas y con aplomo, destacando por el brillo de las joyas que lucen y con un orgullo inexplicable por vestir de chola. Así se sienten quienes usan polleras y mantas para ocasiones especiales y que en el día a día son, como se dice en La Paz, “mujeres de vestido” o pantalón.

Jhesica Moya Mamani y Milenka Moya Mamani son hermanas, no son “mujeres de pollera”, pero cuando quieren lucirse no lo piensan dos veces: usan la vestimenta tradicional y elegante de las mujeres de los Andes.

Milenka tiene 19 años y desde hace dos que no asiste a ningún evento si no es vestida de chola. Bautizos, matrimonios, fiestas de su fraternidad o cualquier otro espacio donde la consigna sea lucirse, ella ya tiene una elección. “Ponerse la ropa de cholita es glamoroso. Los modelos que salen son más bonitos que los vestidos. Cuesta vestirse de cholita, cuesta mucho, pero vale la pena”, dice la convencida joven. Para la entrevista con Página Siete, ella viste una polera y un pantalón.

$!Milenka Moya arregla el sombrero de una clienta, en la zona 16 de Julio.

Mientras habla, muestra las piezas que tiene en la Galería J Y L de la zona 16 de Julio, en El Alto, donde trabaja. En el lugar hay decenas de tiendas donde se exhiben prendas vistosas con brillos, lentejuelas, bordados, seda y estampados.

Jhesica, por su parte, se encuentra ocupada con una máquina de coser. Y es que la idea de que la ropa de cholita “te arma el cuerpo” no es exacta, le faltan algunas puntadas. En realidad, cada pieza debe ajustarse con paciencia, costuras extras, pinzas y broches hasta ofrecer una silueta perfecta frente al espejo.

Para las clientas primerizas, una segunda vez vistiendo la ropa tradicional depende de esa primera experiencia.

Jhesica tiene 20 años y viste polleras desde los 12. Conoce bien todos los trucos para evitar los errores comunes que cometen quienes no están acostumbradas a usar estas prendas.

“Te hace ver más elegante, más alta. La mayoría de las primerizas se equivocan, mayormente en los centros (enaguas) que son más salidos que la pollera. Otras veces fallan con el sombrero, ellas se lo colocan a un costado o atrás y no se ponen como debe ser, al centro”, explica.

La tienda donde trabajan las hermanas es de Jhonny Calle Huanca y en sólo una cuadra tiene tres sucursales. Avanzando por la avenida 16 de Julio, partiendo de la plaza Libertad, todo lo que se ve son polleras, mantas y uno que otro negocio de pollos a la broaster. Al entrar a una de esas tiendas una joven suele salir al encuentro de la clientela y, adornada con una sonrisa, ofrece transformar a una mujer de vestido en otra elegante, de pollera. “La chola está causando un impacto grande, les ha gustado tanto a las señoritas que son de vestido que ahora ya están usando la pollera. Esto es porque se sienten más cómodas y mucho más identificadas”, cuenta Calle a Página Siete.

Según el dueño de estas galerías, muchas veces entrega hasta 700 conjuntos de ropa de chola y más del 50% son para mujeres de vestido. “Tengo muchas clientas que son señoritas, ellas vienen cada vez en más número para vestirse en las fiestas. Incluso vía WhatsApp nos hacen llamadas para pedirme nuevos diseños. Tengo gente que viene no simplemente en bloques de personas sino guías de fraternidades grandes y todas son de vestido”, contó el artesano y empresario.

Las jóvenes que atienden una de las tiendas de la galería, y que gustan de las polleras, asienten el comentario. Milenka acota: “La ropa de cholita les queda a todas las mujeres, resalta tu cuerpo”.

Bolivia ha cambiado

En muchas esferas, sobre todo rurales, las niñas que lucían pequeñas polleras eran discriminadas en sus escuelas y no entendían por qué, si sus mamás también vestían igual. Muchas de esas niñas crecieron buscando vestirse de otra manera.

Algunas, ahora ya mujeres, vuelven a tomar, y con orgullo, las prendas de la chola paceña. También lo hacen muchas otras, aunque con otros motivos, como el mostrar riqueza y poder.

Y es que un pantalón y una blusa, aún si son importadas o de diseñador, no llegan a costar lo que cuesta un conjunto de ropa de una mujer de pollera. El orgullo por estas prendas creció como la oferta de los artesanos, bordadores, joyeros y sombrereros.

Toda esa identificación espera su reconocimiento en una ley. En septiembre de 2022 el presidente Luis Arce recibió el Proyecto de Ley de Protección de la Identidad Cultural de la Mujer de Pollera Boliviana para “prohibir” la utilización de la vestimenta de la chola boliviana en actos de discriminación o racismo.

Esta decisión se tomó porque en algunos pueblos del país se castigaba a los varones obligándolos a usar polleras.

El proyecto, presentado por Virginia Velazco, diputada y mujer de pollera, también propone declarar a estas prendas como patrimonio inmaterial la Identidad. También se propuso que el 21 de agosto sea el Día Nacional de la Revalorización de la Vestimenta de la Chola Boliviana.

Con o sin ley, las hermanas Moya Mamani son un ejemplo de ese orgullo, pero también de la rigurosidad que implica portar una manta y sombrero.

Jessica Moya explica que aprendió de su mamá a sentirse en lo más alto cada vez que vive la experiencia de vestir polleras.

Y como sólo quien lo siente lo comprende, entonces ella trata de llevar esa experiencia a las clientas que llegan a su salón, para que lo vivan de la misma manera.

Por lo general lleva el metro elástico sobre los hombros, mide las cinturas y caderas de las clientas y anuncia los ajustes que se deben hacer. El objetivo es que las polleras y las mantas queden perfectamente encajadas en las señoritas y señoras de vestido.

Según Ruth Tambo, mujer de pollera que también trabaja en estas tiendas, “ya no conviene comprar estas prendas porque cada semana cambia la moda. Llega una y otra tela, entonces es mejor alquilar”.

Los precios del flete varían entre 150 y 300 bolivianos, según el material y los accesorios. Las interesadas llegan desde diferentes lugares.

La oferta se encuentra en diferentes zonas de La Paz y en El Alto, la zona 16 de Julio de Villa Dolores tiene más negocios de estas características. En el caso de la ciudad sede de Gobierno, hay tres lugares en los que campea este negocio: los alrededores del Cementerio General y las calles Los Andes y Kollasuyo.

Las fiestas con más requerimientos son las entradas de la Universidad Pública de El Alto, Gran Poder y Fiesta de la Virgen del Carmen. Eso sí, las celebraciones de fraternidades y los festejos barriales también requieren de cholas elegantes.

Lucir estas prendas implica algunas horas de preparación. Desde acomodar las enaguas, “calibrarlas” según la contextura de cada mujer y, claro, también se requiere tiempo y paciencia para que el peinado esté perfecto; a ninguna mujer le gustaría bailar una morenada y quedar despeinada después de los primeros pasos de la danza.

Y, quizás lo más importante, no hay que perder el estilo. Y el estilo está en los detalles; por ejemplo, el sombrero debe estar dos dedos encima de las cejas.

Hay quienes son más exigentes y quieren brillar en los bailes, para ellas hay una selección de joyas disponibles. Es necesario que los aretes, anillos y alhajas vayan de acuerdo con el traje. Al final, el objetivo es verse como unas cholas impecables.

“Te hace ver más elegante, más alta. La mayoría de las primerizas se equivocan mayormente en los centros (enaguas)”.

Jhesica Moya Mamani

“Tengo muchas clientes que son señoritas. Ellas vienen cada vez en más número para vestirse en las fiestas”.

Jhonny Calle Huanca

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MESES

atrás se presentó un proyecto de ley para proteger esta ropa.

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POR CIENTO

de las cholas en las fiestas son mujeres de vestido.

Vía, Página Siete

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