Sábado, Mayo 18
Shadow

Los sikuris retoman el espíritu del Carnaval sucreense

En la calle Loa, ahora rebautizada como la “Esquina de los Sikuris” en la vibrante zona de Surapata, el corazón de la tradición sucrense volvió a latir al ritmo ancestral de los sikus durante el sábado de carnaval. 

Este encuentro, que congregó a 15 agrupaciones, tanto urbanas como rurales, fue mucho más que un mero espectáculo musical: fue una manifestación de identidad y arraigo cultural.

Desde la icónica comunidad Nayjama, bajo la dirección del venerable Gonzalo “Cacho” Negrón, hasta el Centro Cultural Masis, hogar de la familia Sahonero, donde los jóvenes infunden nueva vida a los sikuris, cada grupo llevó consigo su legado y pasión. 

Este evento, que celebró la diversidad y la riqueza de la música tradicional, contó con la presencia destacada de la Fundación Kantuta de Yotala, merecidos ganadores del Carnaval de Antaño, quienes fueron recibidos con entusiasmo por el público.

Entre los nombres que resonaron en las calles de Surapata, figuran la Comunidad Pachamama y Thullma Mayu, recordados por su destacada participación en festivales pasados, organizados por la reconocida radio La Plata. Pero la diversidad musical no se detuvo ahí: desde “Los del Abra”, un grupo de jóvenes entusiastas, hasta la poderosa Sinchi Imillas, una agrupación de mujeres que soplan con pasión, cada participante contribuyó a la atmósfera vibrante y festiva.

El carnaval sucrense, profundamente enraizado en la tradición de los sikuris, es un viaje nostálgico para muchos. Canciones como “Patito de la Laguna”, “Chiguerito Ichuchaqui”, Tesoro, Tesorito y “Somos, somos” evocan recuerdos de tiempos pasados, cuando el sikuri, como un instrumento comunitario de viento, era el alma misma de la celebración, mucho antes de la llegada de las bandas musicales con sus instrumentos de metal.

En esta esquina de la historia, donde el carnaval se entrelaza con la melodía ancestral de los sikuris, cada nota resuena en el corazón de aquellos que anhelan revivir las tradiciones de Sucre. 

Es un recordatorio poderoso de que, a pesar del paso del tiempo, la esencia misma de la cultura sigue palpable y lista para ser compartida con las generaciones venideras, en un ciclo eterno de celebración y renovación.

Vía: ERBOL

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