Domingo, Abril 21
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Marcos Uzquiano, el guardaparques que de niño quiso ser jaguar

En medio de la selva de cemento de la ciudad de La Paz, Marcos Uzquiano Howard recuerda una de esas tardes inolvidables allá en el bosque repleto de naturaleza del Parque Nacional Madidi.

Se ve a sí mismo paseando por la selva. Relata: “Estaba con mi hermano, debimos tener unos 10 o 12 años, no recuerdo muy bien la edad pero me acuerdo que viajamos a un lugar muy adentro de la amazonía boliviana. Fuimos a castañar con mi mamá y caminamos dos días cerca al río. Allá nos fuimos a pescar con mi hermanito y sentimos que algo caminaba detrás de nosotros; él me decía que era una tortuga, creo que me decía para que yo no tuviera miedo. Nos dimos la vuelta y lo vimos, era un jaguar gigante”. Comenzaron a correr y detrás de ellos estaba el animal al cual en esta parte de Bolivia le llaman Tigre de forma coloquial.

Apenas empezaron a correr se deiron cuenta que ya estaban cerca del campamento y mientras aceleraban escucharon el sonido de los proyectiles. Uno de los trabajadores acabó con la vida del jaguar. “Él lo mató y eso fue algo que me golpeó muchísimo. Desde ese momento sentía una culpa interna. Decía ‘por mi culpa murió el tigre’”.

Quizás ese fue el origen. Quizás fueron las historias que escuchaba del curandero cuando era niño. Le decía, por ejemplo, que algunas personas podían convertirse en tigres, entonces él soñaba despertar un día y ver que en sus manos había garras y que era tan veloz como el más rápido de los animales de la selva. De una u otra manera él se convirtió en un defensor del felino que habita la selva boliviana.

La cuna de un guardaparque

Marcos nació en San Buenaventura, al norte de La Paz y a un costado de Beni. Al frente de su pueblo se encuentra la entrada al Parque Nacional Madidi, una de las reservas protegidas más grandes y diversas del mundo.

A los cinco años quedó huérfano de padre y su relación con su mamá fue estrecha, pero la selva fue su mundo.

Se mira a sí mismo yendo a extraer una corteza de árbol para hacer algún remedio. “Mi abuela siempre recomendaba que hagamos aquello con cuidado y respeto. Decía: ‘Vayan y pidan permiso al árbol’. Ella tenía un amor muy profundo por la naturaleza y eso nos inculcaba con cariño todo el tiempo a nosotros”.

Recuerda que en la escuela él y sus compañeros de clases iban cerca al río para hacer dibujo libre y Marcos podía quedarse horas mezclando tonalidades, pero consciente de que su dibujo no iba a ser capaz de reflejar la belleza que se abría a sus ojos.

“Las montañas verdes, el Cerro Macuti, el Cerro Brujo, el Río Beni, el cielo azul me llenaban de mucha inspiración”, explica Marcos. Parece que habla de un mundo casi ficticio, en especial cuando llega a su memoria uno de los personajes clave de su infancia, el curandero Roberto.

Comienza a rememorar: “En esos tiempos no había hospitales, no había postas sanitarias, no había médicos profesionales. Por cualquier enfermedad que teníamos nos llevaban donde el viejito o lo traían a él a la casa. Él nos sobaba, nos ahumaba con cigarros con coca y, mientras hacía esa terapia, nos contaba la historia del tigre gente, de cómo un hombre un ser humano puede convertirse en jaguar”.

Cuando Uzquiano supo que había la posibilidad de ser tigre, él ansiaba convertirse en el felino. Aquellas veces, lo recuerda apenas, la herida de su papá ausente lo tenía a mal traer. Él quería huir, correr libre como lo hace un jaguar.

Esa misma época San Buenaventura comenzaba a cambiar. Ya no era la misma. Uzquiano recuerda que comenzó a llegar más gente al poblado y los alrededores.

Pensaba que los nuevos habitantes querían derribar el cerro y ellos sentían que en aquellas montañas estaba parte de sus vidas. Los nuevos habitantes de la región no querían destrozar nada, sólo buscaban un nuevo lugar para vivir.

Marcos ya tenía dentro suyo una vocación tan fuerte que no dudó lo que quería ser más adelante.

Un tigre fallido

Con el pasar de los años, Marcos tuvo más certezas. Por un lado, se dio cuenta de que no podía transformarse en tigre y, por otro lado, supo que necesitaba aprender una profesión, un oficio, para continuar con su vida.

Al acabar la escuela viajó a la ciudad de La Paz y durante tres años estudió Contabilidad. Por entonces se creó el Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado Madidi y él tenía la esperanza de convertirse en guardaparque. Al comienzo Marcos ingresó como voluntario de limpieza, hizo las labores de mensajero y se encargaba de recibir los reportes radiales.

Su mamá comenzó a preocuparse y le reclamó: “Estás dejando tus estudios para venirte a meter nuevamente al monte”. Marcos no iba a dar un paso atrás y decidió ser guardaparque.

En determinado momento hubo un cupo para dos personas y se presentaron al cargo 40 jóvenes. Ellos vivieron una eliminatoria y el joven de San Buenaventura quedó como uno de los seleccionados. Ahora sí podía cumplir con su misión.

Entre 2001 y 2008 estuvo en el Madidi. Se retiró cuatro años y luego volvió a trabajar por el medioambiente. Anduvo por la cordillera Apolobamba, luchando contra los cazadores de cóndores, allá conoció los nevados y el frío. Caminó por Pilón Lajas y conoció sus verdes riquezas naturales. Su época dorada fue cuando estuvo como director interino del Parque Nacional Madidi desde 2015 hasta el 2020.

Ya no recuerda cuántas veces fue amenazado de muerte. Un tiempo fueron los madereros que lo enfrentaron, luego los cazadores y en la última época los mineros ilegales se convirtieron en sus enemigos. “Ellos son un sector económico productivo que tiene mucha influencia política y mucho capital, entonces son los que han pedido incluso mi cambio para que me lleven a otro lado, porque yo era una piedra en el zapato para ellos, era una amenaza”, se lamenta.

Los mensajes anónimos a su celular se hicieron más constantes y a él le costó sentar una denuncia. Explica que esta se convirtió en una batalla entre David y Goliat: ellos son muchos y tienen armas de fuego; en cambio los guardaparques apenas tienen el poder de su palabra y ningún arma de fuego.

Hubo un tiempo, Uzquiano recuerda, que llevó chaleco antibalas para protegerse y se temía por su vida; pero no dio un paso atrás. Es más, él salió al frente para enfrentar y denunciar a los cazadores de jaguares y comerciantes de sus colmillos. Descubrió, entre otras cosas, que este ilícito llega hasta China.

Debido a su trabajo, él ganó uno de los Premios Internacionales de Guardaparques 2022 de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), el otro reconocimiento fue para Jorge Banegas Franco, jefe de Protección del Parque Nacional y Área Natural de Manejo Integrado Kaa-Iya del Gran Chaco.

Al final, Marcos fue separado del Madidi y en la actualidad es el jefe de Protección de la Reserva de la Biosfera y Estación Biológica del Beni. Eso sí, no piensa dejar su labor. “Si un día ya no soy guardaparques, me vuelvo para San Buenaventura a hacer los que siempre hice, cuidar la naturaleza”, dice.

A veces, confiesa, escucha y recuerda al jaguar que fue detrás suyo cuando él era niño. Quizás el espíritu de ese jaguar se convirtió en él y aunque no tenga garras en las manos es posible que él sea el tigre gente.

“(El curandero) nos contaba la historia del tigre gente, de cómo un hombre, un ser humano, puede convertirse en jaguar”.

Marcos Uzquiano

“Las montañas verdes, el Cerro Macuti, el Cerro Brujo, el Río Beni, el cielo azul me llenaban de mucha inspiración”.

Marcos Uzquiano

“Si un día ya no soy guardaparques, me vuelvo para San Buenaventura a hacer los que siempre hice, cuidar la naturaleza”.

Marcos Uzquiano

“Ella (su abuela) tenía un amor muy profundo por la naturaleza y eso nos inculcaba con cariño todo el tiempo a nosotros”.

Marcos Uzquiano

Tigre Gente

Mundo • Tigre Gente es un documental que retrata la lucha a favor del jaguar en Bolivia. Se estrenó en 2019 en salas internacionales.

Presentaciones • La cinta se estrenó en cines nacionales hace una semana. Tuvo buena acogida del público boliviano.

Reconocimientos • El dpocumental tiene más de 10 premios internacionales desde su estreno, en 2019.

Repercusiones • En diferentes medios internacionales obtuvo reseñas positivas el documental.

Realización • La cinta se realizó en China y Bolivia, países en los cuales se identificó una red que trafica los colmillos del jaguar.

Personaje • En este documental uno de los protagonistas es Marcos Uzquiano. Él es uno de los defensores de la naturaleza que descubrió el ilícito.

Presencia • Uzquiano acudió a la premiere en diferentes ciudades de Bolivia donde se presentó el filme.

Vía: Página Siete

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