Martes, Julio 23
Shadow

¿De donde viene el apelativo “Chapaco”?

Por: Roberto Ruiz Bass Werner

Como en todo mes de abril, surgen los ensayos y reflexiones sobre el significado de la palabra “Tarija” o , más aún, sobre el término “chapaco”.

¿Que quiere decir “chapaco”?

 Existen muchas y sesudas reflexiones y canciones sobre el término que nos identifica en el país como personas alegres, dicharacheros, cuenta cuentos, cantores, basketbolistas, buenos jinetes y andaluces por ventura, aunque también, como diría mi primo Pablo, nos achacan la “virtud” de sacarle várices a las patas de la cama.

 Me sumo hoy a la disputa por la narrativa pública de nuestros orígenes con otra especulación sobre el significado y génesis del nombre “chapaco”.

 Estando en Purmamarca hace unos años, me llamó la atención el nombre de un conocido restaurant local: “El Chapacal”.

 Ahí, con dibujos, fotografías y buena comida, se hace honor al “chapaco” , es decir al cardón o cactus gigante, como los que vemos en la zona alta de Tarija en el parque nacional de El Cardón en la provincia Méndez.

Muchos de ellos son antropomorfos y se parecen a esos de las películas del oeste a los que los mexicanos les ponen un sombrero y un poncho y los grafican siempre haciendo siesta.

De manera que, en el norte argentino hoy (y en toda la región, incluida Tarija durante la colonia) el “chapaco” no es otro que uno de estos cactus que viven plácidamente inmóviles, con poca agua, en tierra yerma y enfrentando al sol calcinante con orgullo y resiliencia.

En la Tarija del sXVIII adelante, quien sabe si algún oligarca terrateniente local, de manera displicente, llamaba por entonces a sus arrenderos “chapacos” , por su tranquilidad, inamovilidad y falta de entusiasmo en el trabajo esclavo.

Ese apodo se “viralizó” rápidamente entre ellos y en el incipiente ámbito urbano, como sinónimo de flojos. De repente, todos los campesinos pobres, especialmente aquellos con sangre indígena en las venas, en el valle de Tarija, fueron así despectivamente nombrados por sus patrones y por los citadinos que los ninguneaban cuando llegaban con sus productos a las puertas de los mercados.

A manera de paréntesis, digamos que, en Santa Cruz, en el proceso de construcción de su hegemonía política, las clases dominantes empezaron tardíamente a llamarse a sí mismas “cambas”, apelativo antes ofensivo y hoy signo de identidad.

En Tarija ocurrió lo propio y aquellos que hace apenas 70 años “chapaqueaban” a diestra y siniestra, hoy se visten con coloridas camisas y se dicen a sí mismos “chapacos de pura cepa”, en su lucha por imponer la narrativa supremacista frente al todavía maltrecho “colla” y como reacción al también supremacista andino centrismo en el país.

De manera que aquí tenemos una versión algo más prosaica del “chapaquismo” tarijeño, el cual no ha podido salir del Valle Central y menos imponerse, por ejemplo, al “chaqueñismo” provinciano.

Quitando algunas connotaciones negativas, digamos que, reconociendo estos procesos sociales y psicológicos y siendo conscientes de ellos, tenemos el desafío de ser hoy chapacos de múltiples cepas, buenos profesionales (y buenos jinetes, por qué no?), alegres y altivos contra el poder y solidarios con todos los que llegan a compartir y construir nuestra comunidad de carácter en una comunidad de destino.

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