Jueves, Abril 25
Shadow

Waphuri Galán: el embrujo de la kullawada

En la Festividad del Señor Jesús del Gran Poder, aplausos y gritos de las graderías evocan a los Waphuris Galán. Afectos, abrazos no se dejan esperar en el serpenteado recorrido del Gran Poder; toda esta emoción trae a mi memoria las palabras de Edgar Arandia cuando se refiere al Gran Poder, como un Jach’a Katari (Gran Serpiente) que los 8 Km de recorrido, estrangula y asfixia a la ciudad de La Paz, recordando anualmente la conquista de nuestro territorio.

Es como un renovarse para construir un nuevo tiempo, toda esta magia sucede en este espacio paceño; desde la partida en la avenida Calatayud, bajando por la Garita de Lima, hasta ensamblar con la avenida Buenos Aires, el gran brazo popular del Macrodistrito Max Paredes, hasta llegar a la iglesia del Gran Poder. Ahí mi corazón explota de alegría al ver la imagen del Tata del Gran Poder; y le canto a coro con mi bloque Kapu Wara Wara: “Un año más la emoción inunda mi corazón, alisto mi rueca para bailar kullawita. Al ver tu rostro señor, caen lágrimas de amor, un año más por ti, señor Jesús del Gran Poder”.

Waphuri Galán

El Tata del Gran Poder nos espera con sus brazos abiertos; este es uno de los momentos más importantes por el que bailo cada año. El palco de los vecinos y dirigentes del Gran Poder me espera con algarabía; saludo a la directiva del Gran Poder, continúo danzando hasta llegar a las calles Sagárnaga e Illampu. Ya casi termina la zona comercial, la más popular de todas. Fotografías en todo el trayecto, muchas personas con sus hijos se acercan por una fotografía; mientras el flash congela el momento, algunas me cuentan que en su adolescencia su mamá también le había sacado fotos conmigo; ahora querían tener ese recuerdo con sus hijos, como un rito de paso u herencia de generación a generación. Cierro mis ojos mientras las cámaras captan cada movimiento.

Continúo por la avenida Pando, que enlaza con la avenida Montes. Es otra zona, ya no es la misma gente popular; el público es más distante. Aquí me debo esforzar para seducir con mi cuerpo danzante a los nuevos espectadores. A pesar del cansancio me sobrepongo por los saludos de la gente. Es un alivio llegar a la Pérez Velasco, el nudo central de nuestra ciudad; allá me espera la imponente Iglesia de San Francisco, en otrora la Iglesia de Indios; era la frontera que separaba los barrios indígenas de los españoles. Esa historia no está superada del todo, ahora las separaciones son sociales y raciales, es una herida que no ha cicatrizado. Voy avanzando hasta llegar a la avenida Camacho. Me espera el imponente Illimani, estoy casi aliviado porque voy llegando al palco oficial y luego al final de la fiesta.

Recorrido

Es una sensación única llegar al palco, aquí es el examen final del baile. Para este momento ensayamos varios meses los Waphuris; es un lugar de encuentros, amigos, fraternos, periodistas, familiares y distintos personajes paceños que hacen de este recorrido un itinerario anual de placer y compromiso. La avenida Simón Bolivar nos expulsa como un embudo, estoy cansado pero me reciclo para recargar mis energías. Estoy feliz, no solamente por haber bailado, sino por reafirmar mi lucha política desde la estética Galán.

Estética Galan

La construcción de la estética del Waphuri Galán en las fiestas populares de Bolivia es producto de una práctica personal y política; busca dotarle a un personaje festivo un poder de resistencia, transgresión y reivindicación de los derechos humanos. Soy miembro de la Familia Galán, con la que iniciamos distintas intervenciones urbanas, especialmente desde la fiesta.

Antes de adentrarme en el personaje en sí mismo, es importante mirar a otras presencias que antecedieron similar recorrido, desde los años 70; las sensuales chinas morenas, a quienes he tenido la oportunidad de describirlas en el libro La china morena: Memoria histórica travestí (2012), desde los recuerdos y añoranzas de su sensual presencia en las fiestas populares, especialmente en el Carnaval de Oruro y la Festividad del Señor Jesús del Gran Poder.

Ellas nos relatan en primera persona historias de desprendimiento y valentía de hacer pública su voz y su cuerpo a través de su estética. Toda la transformación política y discursiva, además de la arrogancia y rebeldía con la que el personaje se apropió de una de las danzas más importantes de nuestras fiestas: la morenada.

En un momento, cuando todo este legado histórico de las chinas morenas estaba tapiado en los baúles de la añoranza; creía que el Waphuri Galán, creado el año 2001, había sido la primera pintura de arco iris en el Carnaval de Oruro y del Gran Poder, la única presencia que se atrevió a visibilizar el poder rosa en la fiesta. Esta arrogancia se difuminó cuando desde  2009 la historia de la china morena, comandada por la Gran Ofelia, Carlos Espinoza, nos permitió analizar en el tiempo la estética y política de la fiesta como un proceso continuo de presencias. Entonces estos antecedentes reforzaron la idea de que la estética está íntimamente vinculada con la realidad, con las dinámicas de la comunidad festiva, que activa una serie de prácticas rituales, organizativas, además de los deseos y placeres.

Nace la historia del Waphuri Galán

Fue durante un ensayo del bloque Chuk’utas de la ciudad de La Paz, en 2001, que estaba preparándose para su participación en tan importante fiesta. El líder del bloque nos recibió con una sonrisa pícara y coqueta, y nos invitó a compartir unos drinks en un local periférico y popular de La Paz. La charola llegó llena de coctelitos de colores. “¡Salud!, ¡salud!”, miradas curiosas del salón hacia nosotros, seguramente queriendo saber quiénes éramos y qué hacíamos allí. De a sorbos, haciendo muecas de placer, terminamos todos los elíxires que pronto serían los culpables de que Alen Justiniano, Arturo Noriega, Carlos Parra y yo “bailemos kullawada”.

Fue un matrimonio de larga duración y el inicio de toda una historia de complicidades, rupturas y renovaciones, un pacto festivo para participar en el Carnaval de Oruro. Luego, por invitación de la Kullawada Nuevo Amanecer en la Fastuosa Entrada del Señor Jesús del Gran Poder, personifiquemos o reinventemos al Waphuri, jefe de los hilanderos, personaje tradicional de la danza de la kullawada; tradicionalmente es representado por un solo personaje en la Kullawada antigua.

Lleva una careta de yeso con tres rostros, con rasgos que revelan el mestizaje del baile; nariz excesivamente larga, fálica; chapas rojas en el rostro, ojos grandes y un traje por demás excesivo en adornos; chaquetilla bordada con piedras e hilos dorados y plateados, sombrero alto, una rueca grandiosa, pantalón y sandalias que le dan una apariencia elegante y erguida, muy masculino su baile, representación del patriarca deseado por todas las mujeres, especialmente por la awila, ese personaje travestí, jocoso, quien cargado de una muñeca, baila dando giros constantes al compás de la música, exigiéndole la paternidad del bebé que trae cargado.

El primer año fuimos cuatro figuras Waphuris, con características propias. Noches de discusiones, hasta peleas nos ha costado crear todos y cada uno de los trajes del Waphuri Galán, que juntos o separados continúa renovándose. 22 años bailando y 22 trajes, cada uno con su propia historia, especialmente los últimos trajes que son una lectura renovada y mística de los sombreros de cuatros rostros mirando a los cuatro puntos cardinales.

Pero cómo no recordar el primer traje, que es el que revela todo el amor por la danza y fue bordado con nuestras propias manos, ensartando cada perla, lentejuela y canutillo en las agujas, acompañados por la música de películas de Pedro Almodóvar, las noches se convertían en fiesta de la familia Galán. Todas ayudaban a bordar, entre risas y la mirada artística de cada uno, que iba inscribiendo el primer traje como nos habíamos imaginado: negro y perla sería el resultado. El primer traje de invocación al Waphuri Galán, manchado por la sangre de nuestros dedos por los pinchazos de aguja; cada puntada, cada apliqué en partes del traje, manos amigas complementarían esta parte de la historia que comenzó hace casi dos décadas, noches selladas por el afecto.

22 años

Estos 22 años de vida del Waphuri ya son parte de nuestra historia de activismo reconocida en el país, una herramienta de lucha política que ha permitido abrir nuevos espacios de diálogo con la ciudadanía.  Convertir un personaje altamente masculino como el Waphuri tradicional en un personaje feminizado de la Familia Galán ha sido una gran conquista y motivo de discusiones largas con folcloristas conservadores que año a año amenazaban con no dejarnos bailar, y cada año era mayor la transgresión, incluyendo elementos modernos como el bordado en lentejuelas, el entallado de la chaquetilla, las botas altas de plataforma, utilizando mucho color y adornos, recuperando elementos esenciales de la danza y la cultura, como los pescados de plata, joyas, encajes y otros elementos que hacen de este personaje uno de los más esperados en esta danza.

Estos elementos dieron discurso, estética y presencia al Waphuri Galán en las fiestas populares del Carnaval de Oruro y la festividad del Señor Jesús del Gran Poder, que en 2019 fue nombrada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, donde partes de esta historia están inscritas en la candidatura.

Fue muy importante la invitación que me hicieron para ser parte del Comité Impulsor de la Candidatura de esta festividad, y es mayor mi felicidad este 2023, por la celebración del centenario de la fiesta mayor de los andes, ahora abrazado por la fraternidad Kullawada Laikas del Gran poder. Por coincidencia histórica se cuenta que en la época colonial los sacerdotes católicos se refieren a todos los practicantes mágico-religiosos indígenas con el término “layqa”, que significa “hechicero” o “brujo”. Entonces, como las constelaciones ordenan el cosmos, nosotros ahora estamos donde deberíamos estar con los Laikas, embrujando con nuestro baile a los espectadores del Gran Poder.

Texto: David Aruquipa Pérez

Fotos: Yaroslavl Riquelme Williamson, gonzalo laserna, miguel Vargas y rodrigo Barrenechea

Vía: LA RAZÓN

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